jueves, 27 de octubre de 2011

Artesanías en guadua

Además de ser un material muy apreciado en la arquitectura y construcción, gracias a sus múltiples características, es un producto que en manos de nuestros artesanos se convierte en un excelente material para la elaboración de originales muebles, lámparas, accesorios del uso diario, elementos decorativos diseñados de manera funcional y siempre inspirados en la naturaleza de la región de donde vienen.
Los guaduales crecen en Colombia desde hace siglos, entre ríos, como un elemento indispensable de nuestros paisajes cafeteros, convirtiéndose, gracias a la creatividad y talento de los artesanos, en originales productos que hacen a Colombia famosa en todo el mundo.

Popularidad de la guadua en la arquitectura

Es por esta razón que, en los últimos tiempos, cada vez más, la guadua atrae la atención de los arquitectos e ingenieros que la ven como una excelente alternativa natural utilizada que compite con el concreto y el acero

Características de la guadua

La guadua se caracteriza por una gran resistencia, durabilidad y fácil manejo, lo que llevó a denominarla el acero vegetal. Crece de manera muy rápida, alcanzando en cinco años la altura de treinta metros. En el clima adecuado, como , puede crecer hasta once centímetros al día y lograr su altura total en seis meses. Es un recurso sostenible y renovable, que se auto multiplica vegetativamente, sin necesidad de semillas para reproducirse.

La guadua, posee, además, características ecológicas, siendo una fuente importante de agua, ayudando, al mismo tiempo, en la regulación de los caudales, en la captura de CO2 y en la purificación del ambiente.
Por otro lado, es un material supremamente liviano y flexible, lo que permite utilizarlo en el campo industrial, para levantar construcciones sismorresistentes, muy originales a nivel de diseño y propias del paisaje colombiano.

Guadua: el acero vegetal

Casas, puentes colgantes, acueductos, embarcaciones, pisos, muebles, objetos decorativos, instrumentos de música e, incluso, papel, se producen de este increíble material colombiano, denominado guadua.
Esta materia prima natural no solamente permite levantar una catedral (ej. Catedral de Pereira, Colombia), sino también puede ser utilizada para la elaboración de artesanías que atraen a los turistas de todo el mundo.

Artesanías de tagua en Colombia

Los artesanos colombianos son expertos en elaborar las verdaderas joyas en tagua. Los grandes artistas que trabajan el marfil vegetal, vienen de Chiquinquirá, una ciudad conocida por la famosa catedral y la milagrosa Virgen, ubicada a 3 horas de Bogotá, en el departamento de Boyacá. Los artistas chiquinquireños se especializaron en la elaboración de las miniaturas decorativas de tagua (fichas de ajedrez, pesebres, etc.) de las que varias ya se encuentran en el Guinness Record.Hoy en día, los artistas colombianos utilizan este material para producir de él todo tipo de artículos decorativos: manillas, portarretratos, abrecartas, figuritas y accesorios: aretes, collares, pulseras, etc. que llaman la atención de mujeres en todo el mundo.

¡A salvar a los elefantes gracias a la tagua!

Gracias a los gritos de los ecólogos, en los últimos años, la naturaleza vuelve a imponerse sobre lo artificial y los bosques tropicales de tagua que crecen en Colombia resultan ser la salvación de los elefantes.
Las actuales tendencias mundiales por preservar el medio ambiente y la prohibición de cazar elefantes y rinocerontes para extraer el marfil provocaron que los grandes diseñadores europeos y norteamericanos de alta costura, como Christian Dior, Yves Saint Laurent y Versace empezaron a proponer las colecciones de ropa que contienen los materiales naturales. Por esta razón, la tagua ha dejado de ser una humilde palmera para convertirse en un producto de un gran valor comercial a nivel mundial.

Usos y productos de tagua

La tagua empezó a ser explotada desde la época de la Colonia cuando los colonos españoles vinieron al continente americano. Desde el primer contacto de los extranjeros con esta planta, la nuez de la tagua se utilizó para la producción de botones, mangos de paraguas y bastones, pipas, servilleteros, peines, fichas de ajedrez, teclas para piano, abrecartas y otros utensilios.
Siglos después, el invento del plástico acabó con la popularidad de la tagua. En cambio, los elementos de alta calidad empezaron a ser elaborados del marfil animal.

Características de tagua

Las propiedades que identifican la calidad de esta materia prima vegetal y hacen de la tagua un producto tan apreciado, son su dureza y el color que la asemejan al marfil animal.

Nuez de la tagua

En el estado natural, la tagua se parece a la nuez (llamada mococha), llena de pepas. Es una almendra de color blanco hueso, dura, lisa y opaca y con textura parecida a marfil. La nuez madura durante 6-12 meses, durante los cuales la semilla se endurece, adquiere un grosor final y su color cambia de blanco a ocre claro. La nuez madura tiene entre 3 y 6 cm de longitud.

Tagua: el marfil vegetal

En los espesos bosques tropicales y húmedos de Colombia, crece una planta muy especial, conocida como tagua (Phytelephas seemannii, Phytelephas macrocarpa) o marfil vegetal. Esta espinosa palma, de apariencia poco atractiva y de entre 5 y 6 metros de altura, tarda alrededor de 15 años hasta dar los primeros frutos. A partir de este momento, el árbol tiene alrededor de tres cosechas al año.

Tres clases tradicionales de cerámica de Ráquira

Loza de arena utilitaria:

es un tipo de loza muy resistente por el alto grado de arena en su composición, gracias a la que el producto final mejora su resistencia al uso y al fuego: ollas, tinajas, cazuelas, pailas, etc.
Loza de maíz tostao:
se trata de juguetes y miniaturas de loza tan pequeños como granos de maíz que se refieren a la cerámica ceremonial que se utilizaba como ofrenda para obtener buena suerte y resultados en el trabajo: platos, tazas, pitos en forma de gallina, etc.
Loza de dedo:
se utiliza para servir la comida a los niños y, por el otro lado, loza que cumple la función utilitaria: ceniceros, alcancías, candelabros, licoreras, jarritas, dulceritas, etc. o puramente estética: caballitos, pesebres, figuras humanas, cuadros de representaciones religiosas.
Más de 500 familias de Ráquira se dedican a la alfarería y al trabajo con arcilla y barro.
Hoy en día, gracias a una enorme diversidad de artesanías en cerámica y a una reconocida escuela de artesanías que educa a los futuros artesanos, Ráquira se ha convertido en la capital artesanal de Colombia.
Aparte de las tradicionales cerámicas de carácter folclórico, tales como figuras antropomorfas y zoomorfas, los inmortales caballitos de Ráquira, pesebres, muñecos, utensilios de cocina, los alfareros cada día proponen nuevos diseños de sus productos que van de acuerdo a las necesidades de los compradores: materas, vajillas de té y café, cerámica decorativa, etc., porque la creatividad de los artesanos de Ráquira no tiene fronteras.

Tipos de arcilla

En diferentes lugares del corregimiento, los alfareros recogen tres tipos de arcilla de la cual hacen la famosa cerámica de La Chamba:
  • gruesa o grasosa;
  • arenosa o desengrasante;
  • fina y roja.

Tres tipos de cerámica de La Chamba

 
La enorme riqueza artesanal de La Chamba que abarca: cacerolas, vasijas, platos, pocillos, bandejas, ollas, floreros y diferentes representaciones de la vida campesina (marranitos, burros, gallinas) y vajillas que imitan formas precolombinas, utiliza dos colores tradicionales: rojo y negro.
De todas formas, en La Chamba se producen tres clases de cerámica:
  • la rústica, sin el recubrimiento de la greda roja, que es la más económica y abastece el mercado local;
  • a de color rojo vivo o rojo indio, sin el ahumado, cuyo color se debe al óxido de hierro presente en la arcilla;
  • la negra que es el resultado del ahumado al que se someten las piezas al contacto con el ácido clorhídrico que se encuentra en el estiércol.

Proceso de elaboración de la cerámica de La Chamba

La vida cotidiana de los habitantes de La Chamba gira alrededor de la cerámica. Los niños recogen la arcilla y la secan en los costales para luego pulverizarla, golpeándola con los palos; los hombres se ocupan de prender el fuego y las mujeres elaboran la masa y le dan formas a los moldes.
Después de treinta días de secado, comienza el proceso de cocción que se lleva a cabo en hornos "cúpula", de origen árabe, cuyo uso fue introducido por los españoles al momento de la conquista.

 Luego, empieza la labor de brillado y el acabado que desde hace siglos mantiene las técnicas utilizadas por las comunidades indígenas hace varios siglos.